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Es la incapacidad de la persona para expresar sus emociones, no identifica lo que siente ni pueden entenderlo ni describirlo. Por ejemplo no saben con seguridad reconocer si lo que sienten es miedo o ira.


Inicialmente se observó esta incapacidad en personas con trastornos psicosomáticos que presentaban pobre conciencia emocional, dificultad para expresar sus estados afectivos, escasa vida imaginativa y de fantasía, pensamiento concreto, poca creatividad y autoevaluación distorsionada. Actualmente la alexitimia también se ha observado en personas con trastornos alimentarios, personalidad antisocial y con trastornos por estrés post- traumático.


La alexitimia es un constructo hipotético que puede describirse como la dificultad para verbalizar estados afectivos y diferenciarlos de sensaciones corporales; falta de capacidad introspectiva, y tendencia al conformismo social y a las conductas de acción frente a situaciones conflictivas (R. Sivak, 1997). La alexitimia no se encuentra en los manuales de clasificación psiquiátrica y no es una noción universalmente aceptada, posee un valor heurístico que ha dado lugar a numerosas investigaciones. Otero, (1999)


Normalmente las sensaciones corporales deben ser jerarquizadas e ir asociadas a conceptos a estados mentales.


En la niñez los padres son marco de referencia para que el niño vaya reconociendo cuáles son las emociones que siente, y para que aprenda a conceptualizarlas. Se trata de que los padres ofrezcan al niño los indicadores verbales que ayuden a canalizar con sus palabras las sensaciones y emociones del niño y les den nombre y apellido, esto que sientes es: tristeza, alegría, ternura, etc.


Según diversos autores la alexitimia se caracteriza por:


. Dificultad para reconocer y expresar los propios sentimientos con palabras.

. Dificultad para distinguir afectos de sensaciones corporales.

. Poca capacidad para simbolizar: imaginar, fantasear.

. Hay más preocupación por los eventos externos que por la experiencia interna.


Y a estas se agregan:


. Conformismo social que puede verse como “normal”, pero que es un comportamiento altamente rígido sujeto a normas convencionales.

. Tendencia a actuar en forma impulsiva, las acciones se dan sin reflexionar y sin que la persona las asocie al conflicto que las pueda haber movilizado.

. Tendencia a establecer relaciones interpersonales estereotipadas, de dependencia o de aislamiento.


Peter Sifneos (1972) quien acuña e introduce este término, propone dos tipos de alexitima: primaria y secundaria.

La primaria: “...es un defecto estructural neuroanatómico o una deficiencia neurobiológica, en la forma de anormalidades debida a factores hereditarios que interrumpen la comunicación entre el sistema límbico y el neocortex” e inclusive agrega que “ hay una inadecuada comunicación entre el hemisferio derecho y el izquierdo, ya que el izquierdo se encarga de la elaboración y expresión del lenguaje articulado y el hemisferio derecho que modula la emoción le proporciona al lenguaje la coloratura, cadencia y melodía”. De este hemisferio también se origina todo lo que es la imaginación, la fantasía. (Ver post anteriores donde se trabaja con información relativa al cerebro límbico y la neocorteza).

La secundaria: Se produce por eventos traumáticos en períodos críticos de la infancia, por traumas masivos en la edad adulta; ejemplos: experiencia de guerra, en campos de concentración, secuestros etc. En estos casos y visto desde una perspectiva dinámica la alexitimia estaría funcionando como un mecanismo de defensa.

Krystal (1977) sobreviviente que ha dedicado su vida profesional a las victimas de la persecución naz, afirma que, gracias al mecanismo de defensa de la alexitmia secundaria pudieron sobrevivir psicológicamente al sadismo de sus opresores.

La alexitimia secundaria sería un mecanismo de defensa consistente en la negación de la fantasía y el afecto. Defensa que aparece a raíz de situaciones traumáticas. Consecuencia de esta negación de la fantasía y el afecto resulta la pobreza interior, la falta de vivencia afectiva y la vulnerabilidad para somatizar las tensiones emocionales… (Moral de La Rubia y otros, 2001)






Se acerca el día de San Valentín bien vale un post relacionados con nuestras emociones.

Las emociones involucran todo nuestro sistema nervioso y el principal responsable en nuestra vida emocional no es el corazón es el cerebro límbico, del cual ya hemos hablado en un post anterior.


Las manifestaciones emocionales involucran tanto el nivel fisiológico como el conductual y pueden ser muy variables expresándose en cambios en nuestra expresión facial, tono de voz, nuestros músculos, órganos internos etcétera.


Es por ello que ante el nacimiento de un amor romántico o de alguien que ejerza un fuerte atractivo, puede ponerse en movimiento francamente acelerado el corazón; por la activación del sistema simpático las pupilas se dilatan, el tono muscular aumenta, disminuye la flojedad del rostro; el pecho se proyecta hacia delante, el cuerpo adopta una postura erecta y hasta por culpa del sistema nervioso autónomo se llegan a sentir mariposas en el estómago.


Casi todas estás señales son perceptibles al otro, pues el cuerpo sin mediar palabra está trasmitiendo un estado emocional, que en algunos casos pueden ser de origen inconsciente y en otros pueden ser trabajadas con intención para expresarse en gestos de coquetería.


En el hombre estos gestos pueden ser: moverse el nudo de la corbata, o acomodarse el cuello de la camisa, las mangas, alisarse la ropa, pasarse las manos por el pelo, sostener la mirada más allá de lo normal, se pueden observar las pupilas dilatadas.


En la mujer algunos gestos anteriores se evidencian y otros más se suman: cruzar y descruzar las piernas, retirar el pelo hacia atrás, el movimiento de caderas al caminar, la boca entreabierta, y el uso de lápiz labial entre otros.

En la mujer los gestos de coquetería son más abundantes que en el hombre y ellas según Pease Allan (1981) reconocen más rápido que los hombres las señales de cortejo, así como todo el lenguaje gestual






Por encima de este cerebro reptil, y por debajo de la neocorteza ubicamos el Sistema o Cerebro Límbico. A este cerebro también se le conoce como Cerebro Emocional o como Cerebro Mamífero, porque los mamíferos poseen una estructura similar, y se corresponde muy bien con el comportamiento de los animales mamíferos, por ejemplo: el comportamiento maternal, proteger y cuidar a las crías hasta que ellas puedan valerse por sí mismas.

Todo lo que ocurre en el medio exterior es procesado en nuestro cerebro límbico, dándole el matiz emocional al experimentarlo. Son comportamientos mamíferos: el amor, el odio, el altruismo, el deseo, los celos, la angustia, el temor, la culpa, etcétera.

En el se encuentran: el tálamo, que regula los comportamientos afectivos, la región septal, vinculada a la sexualidad, los bulbos olfatorios, que nos conectan a través del olfato y las manifestaciones respiratorias con las emociones, la amígdala (no confundir con las de la garganta) que permite la expresión oral de las emociones, el hipotálamo, especie de laboratorio donde se generan los químicos como serotonina, endorfinas, y otra gran cantidad de ellos, es el centro del placer y del dolor, y el hipocampo, relacionado con la memoria a largo plazo y las emociones.

El cerebro límbico fisiológicamente está interconectado con todos nuestros órganos internos, regulando la condición de expansión o contracción de ellos. Los estados emocionales tales como la rabia, depresión, frustración, el estrés, provocan que algunos órganos sufran las consecuencias de la contracción, tensión e irritación. Esto fue tratado en un post anterior.

Nuestro cerebro límbico, permite el clima emocional para propiciar la motivación al logro, ya que trabaja con una serie de neuroquímicos que propician el impulso para dar órdenes al cerebro reptil de movilizarse para efectuar el deseo, o lo que queremos alcanzar. A la forma efectiva de alcanzar lo que nos mueve o motiva se le ha denominado Inteligencia Motivacional.

Las emociones tienen un lenguaje que puede ser leído al igual que leemos un libro. Experimentar una emoción, vivirla, sentirla, concentrarte en el cuerpo, en la emoción, permite descifrar qué es lo que se siente. También se pueden pasar de un estado de ánimo a otro, en un determinado momento podemos estar melancólicos y al recibir una buena noticia pasar a estar feliz. A estos cambios de ánimo, y el poder experimentarlos sin negarlos, se le ha llamado Inteligencia Anímica e Inteligencia Afectiva respectivamente.

Próximo post: Neocorteza.



El cuerpo está relacionado en forma significativa con nuestra vida emocional.

De hecho nuestro cerebro o sistema límbico que se encarga de gobernar nuestras emociones, está conectado con el sistema nervioso autónomo o sistema nervioso involuntario.

El corazón, los intestinos, el estomago, páncreas, vejiga, y en general nuestras vísceras, no pueden ser gobernadas por nuestra voluntad mental. Por ejemplo, no podemos lograr que nuestro corazón deje de latir con tan solo darle una orden.

Sin embargo, las emociones, los estados de ánimo, toda la dinámica que ocurre en nuestro cerebro límbico, sí regula la condición de expansión – relajamiento o la de contracción- restricción.

De esta manera la contracción por tiempo prolongado, de nuestros intestinos, el corazón, u otros órganos de nuestro cuerpo, puede generar en úlceras, ataques al corazón, tensión alta, diarreas, algunos tipos del asma, etcétera, esto en gran parte por un mal manejo de las emociones.

Y por el contrario, la condición de relajación- expansión de estos, como consecuencia de emociones como la risa, el buen humor, optimismo, esperanza, pueden llegar a producir la liberación física de tensiones, permitiendo que el sistema inmunológico funcione óptimamente.

Prestar atención a las emociones, conocerlas, entenderlas, experimentarlas, aprender a canalizarlas es de importancia para cuidarnos en salud.

Conocer las emociones:

Entre el placer y el dolor, hay matices, no siempre podemos catalogar un estado emocional como “me siento bien” “me siento mal”.

Por ejemplo: Una emoción como la felicidad, tiene diferentes niveles de intensidad.

Un alto nivel de ella es estar: Excitado. Alborozado. Exaltado.

Un nivel medio: Risueño. Alegre. Bien.

Un nivel bajo: Contento. Conforme. Satisfecho.

Una emoción como la rabia, moviliza más energía cuando la persona desde este estado puede estar: Furiosa. Indignada o Violenta, que es un nivel alto de rabia. Incluso en este estado puede llegar a romper objetos, o agredir a otro, si no sabe controlar la rabia.

Y un nivel medio cuando se está: Enojado. Frustrado. Agitado. Un nivel bajo, que por supuesto mueve menos energía cuando se está. Tenso. Desalentado. Impaciente.

Identificar nuestras emociones es importante.

Experimentarlas:

Experimentar, no reprimir.

Puedes prestar atención a la experiencia corporal y lo que sientes entrando en contacto con la emoción. Tal cual con la emoción que te embarga, date cuenta de qué sensaciones sientes, dónde sientes y cómo estás respirando, cómo está tú posición corporal, ¿estás derecho? ¿rígido?. Presta atención a los detalles.

Ahora, expresa en voz baja o alta lo que sientes, por ejemplo: “Siento rabia” “noto la respiración rápida, agitada”, “noto el cuello tenso”, o “estoy placido, cómodo”

Haz consciente cada sensación y nómbrala.

Ahora, cambia el: “noto”, “siento” por: “Yo estoy”

“Yo estoy respirando rápidamente”, “yo estoy tensando el cuello” “yo estoy placido, cómodo”.

En este momento que asumes la responsabilidad por lo que sientes, das sentido a tú experiencia emocional como derivada de ti mismo.

Canalizarlas:

Zinder (1977) sostiene:

“La energía es bloqueada a menudo por temor a la excitación o a las emociones fuertes… Muchos individuos sienten que si permiten enojarse, aniquilaran su entorno; si expresan sus impulsos sexuales, serán maniacos y perversos; si expresan amor, abrumaran y sofocaran a la otra persona; si se permiten alardear, serán ridiculizados y rechazados”

Buscar la mejor forma de drenar las emociones permite darle salida para no inhibirlas o reprimirlas, para liberar energía y tensión, o para comunicar aquello que sentimos.

Si me pongo triste, lo natural es que el sentimiento salga en forma de llanto, sollozos.

Practicar algún deporte, correr, golpear almohadas o una pera de boxeo, rasgar papel, llorar, gritar, ubicando el contexto adecuado para expresar lo que sentimos y con la fuerza que lleva esa emoción permite desahogar mediante la acción.

Es importante no limitar la acción, si estás feliz por la llegada de alguien a quien quieres y no eres capaz de abrir los brazos, o tú rostro está inmóvil, entonces no estás expresando plenamente esa felicidad.

Si estás enojado, y sonríes mientras quieres expresar tú enojo porque percibes que el entorno no te permite expresarlo, entonces estás inhibiendo la emoción y viene la tensión, por la incongruencia existente entre lo que sientes y lo que muestras.

Experimentar el poder de tus sentimientos es importante.

“La acción en el mundo sirve como una importante fuente de experiencia por la que se nos da un sentido a la autorreflexión. Si su movimiento es débil e ineficaz, usted se sentirá débil y deficiente, sin poder experimentar una sensación de poder y fuerza. Si no puede gritar desde su diafragma y su vientre, sus “profundidades”, entonces no puede experimentar el núcleo de “la tristeza de sí mismo”. Si sus músculos están tensos y contraídos, entonces no podría experimentar su expansividad y apertura. El sí mismo se fundamenta y hace a través de la experiencia (contacto) en donde la conducta motora (acción) es una parte esencial”.Kepner (1992)



Original image: 'Port-45'
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by: Victor Bezrukov

Alegría, tristeza, desconcierto, tranquilidad, euforia, excitación, son por nombrar sólo algunos, estados de ánimo.

El hipotálamo, en el sistema límbico, es el centro del placer y dolor, y el encargado de producir todo un laboratorio de numerosos químicos como la serotonina, dopamina, endorfinas.

De esta manera las sustancias químicas no sólo existen en el laboratorio, nuestro cuerpo posee su propio laboratorio capaz de producir a partir del cerebro sus propias sustancias, las cuales comienzan a generarse de forma inmediata, cuando, por ejemplo, nos sentimos amenazados, con miedo, en riesgo, diversas situaciones pueden provocar que el corazón se desboque en latidos a cien por hora, o por el contrario hacernos sentir tranquilos, felices, calmados.

A través de los fármacos se puede cambiar un estado de ánimo. Sin embargo, podemos atender a un punto importante, si somos capaces de elaborar nuestros químicos ¿qué puede ayudar a acceder a estos para que se generen naturalmente ayudando a producir cambios en nuestro estado anímico?

Juega un papel importante el estar consciente de lo que sientes, ubicar el sentimiento y darle nombre. Dos ejemplos extremos: si estás deprimido, aceptar cómo te sientes es un primer paso: “Estoy deprimido”, luego describir: ¿cuál es el comportamiento?, hay poca energía, pocas ganas de moverse, ni de salir, no querer arreglarse, ni comer. Sí el estado es de euforia, mueves mucha energía, subes el tono de voz, y puedes llegar a estar disperso.

¿Cómo quieres estar?, ¿qué te da más satisfacción? ¿Qué ventajas encuentras al mantenerte en este estado?

Contactar hábil y conscientemente con nuestros sentimientos, darse cuenta de cómo se están manifestando, representa una llave de acceso para salir y entrar de ellos de forma inteligente.

Esto, en cierta forma da la libertad de asumir las riendas de tus emociones.

Ayudas externas:

Podemos hacer un cariñito a nuestro sistema nervioso, la alimentación, los buenos chistes, la música son formas de ayuda.

En cuanto a la alimentación, tomar en cuenta que algunos alimentos como el chocolate, según algunas investigaciones, activan la serotonina (el sabor es ummm, pero, el olor me encanta más) lo que ayuda a estar más feliz, el café ayuda a estar más despiertos (sin abusar)

La risa mejora el sistema inmunológico, estimulando primero y trayendo luego sensación de placer y goce. Freud veía los chistes como una forma de entrar en un proceso terapéutico sanador.

La música puede transmitir estados de ánimo de quien la expresa como también conectar a quien la escucha con sus más íntimos sentimientos. La música es un estimulo que permite entrar o salir de un estado de ánimo a otro. Podemos mantenernos felices buscando escuchar música que nos conecte con la alegría, pero, esta misma música puede ser de mucha ayuda para sacarnos de la tristeza.

Nuestras vivencias personales ancladas a sabores, olores, sensaciones corporales, lo que miramos y escuchamos, están enlazadas con nuestras emociones. De esta manera el olor de un perfume puede traer gratos o ingratos recuerdos, un sabor, un lugar, un sonido…

Lic: Zulay Cordero