
Las conductas más primitivas, más instintivas, de supervivencia, el miedo, la agresión, provienen de la primera capa en formarse llamada Cerebro Reptil o Básico, recibe este nombre por su parecido con el comportamiento de los reptiles. La huída, el engaño, las respuestas tipo pelea, son respuestas reptiles.
Lo que hacemos, es decir nuestros comportamientos se originan de esta zona profunda de nuestro cerebro. Desde el inicio de nuestra existencia nuestras acciones aún las que han dirigido al hombre primitivo provienen de aquí. Por lo tanto, arrastramos con esa herencia de nuestros antepasados en nuestros cerebros, que en la vida cotidiana está relacionada también con:
Crearnos parámetros para darle continuidad y orden a nuestra vida. Mediante una serie de limitaciones guiamos nuestra energía al establecer hábitos, rutinas, rituales, los cuales nos permiten actuar en automático, y ello nos da confianza, seguridad.
Sin embargo, aún cuando nos sentimos cómodos dentro de esta energía de la rutina, es importante darnos cuenta de cuándo es necesario disolver algún tipo de rutinas, hábitos, que se tornan inapropiados, o por el contrario establecer otros. De ese “darse cuenta” o capacidad de observación de nuestras acciones automáticas y de nuestros comportamientos en general, deriva lo que se ha denominado la inteligencia de los parámetros.
El sentido de pertenencia: afiliarse a un club, pertenecer a una familia, a una comunidad, a un grupo, poseer tú casa, tú apartamento y delimitarlos internamente con paredes, y este a su vez del de los vecinos. Protegernos y crear seguridad: buscar un hogar, casarse, ubicarnos en los mismos lugares, las luchas por el territorio, son propios de este cerebro reptil.
Igualmente mediante este cerebro podemos desenvolvernos inteligentemente cuando nos permitimos la libertad para decidir: seleccionar amigos, dirigentes, aceptar o no retos. Hacer uso de esta libertad de decidir nos permite “ser” y estar más saludables. También es una característica muy de este cerebro reptil el imitar o por el contrario inhibirse, ejemplo: imitar o copiar modelos de conductas apropiadas e inhibirse o abstenerse de otras que perjudican.
Los patrones de comportamiento: Los vamos aprendiendo a lo largo de nuestra vida, incluso aquellos que nos inculcaron nuestros padres, abuelos tíos, maestros, en fin las personas más significativas, y es una forma de ir fijando valores, creencias. La capacidad de darse cuenta de cuáles son los valores y creencias que mantenemos actualmente y si ellos nos potencian, fortalecen o no como persona es una característica de la inteligencia que deriva de este cerebro, denominada inteligencia de patrones, si en esta revisión personal notamos patrones de conducta que no son los que nos traen bienestar, entonces deberíamos asumir la responsabilidad de un trabajo personal para cambiarlos. Este trabajo personal requiere del convencimiento interno de que es necesario realizar el cambio.
En el próximo post el Cerebro Límbico.






