Es esa capacidad que tenemos de darnos cuenta de algún asunto o situación de forma súbita.


La toma de conciencia o el “darse cuenta” a través del insight puede dirigirse a dos aspectos: uno interno, que permite esclarecer información que en algunos casos puede haber quedado en el inconsciente si se trata de una realidad interior. Hay una situación vivida que involucra un comportamiento, vivencia, forma de ser que es relacionada con su significado u origen; permitiendo al enterarse, esclarecerse, iluminar ese algo que permanecía oscuro, nebuloso.


El insight no es intuición, pues esta última no permite relacionar lógicamente una respuesta ante algo presentido. En cambio con el insight llegamos por asociación a contactar y comprender una verdad.


Tener capacidad de insight es sumamente importante ya que determina hasta qué punto una persona tiene capacidad de acceder al conocimiento personal para comprenderse a sí misma.


Otro aspecto del insihgt, está relacionado con el aprendizaje.


Según la gestalt el aprendizaje a través del insight, no se da por asociación sino por una reestructuración de la situación problema que se presenta en la realidad y en el aquí –ahora.


Se puede graficar un poco la forma de hacer insight a través de ejemplo en un experimento con monos donde estos solucionan un problema por compresión súbita.

Se trata de los experimentos de W. Koehler con monos, en donde estos encerrados en una caja en la que hay unos cestos quieren tomar unos plátanos colgados del techo que se encuentran lejos de su alcance. Los monos tras intentos baldíos y luego de un tiempo de reflexión, acaban por amontonar los cestos y subidos a ellos alcanzar los plátanos y comérselos triunfalmente.


Según la gestalt, esto ocurre debido a que los monos han reestructurado la situación para resolver el problema, lo cual puede implicar como requerimiento una nueva forma de percibir la situación.


Esta forma de hacer insight es distinta de la que pudiera asumirse desde el aprendizaje por asociación, en este caso se podría decir que los monos alcanzaron los plátanos por ensayo y error y por lo tanto su aprendizaje es de forma asociativa.





La carta dice que nos podemos servir de: sensaciones, percepciones, sabores, explosión de los sentidos.

El sabor nos permite degustar, también podemos olfatear, deleitarnos con la apariencia y textura. Es la impresión que nos causa un alimento u otra sustancia detectados por el gusto, así como por el olfato.


Sabor emocional.

Y es que el sabor puede ser utilizado para referirse a diferentes estados de ánimo, situaciones o temperamentos. Hemos escuchado hablar de personas con sabor en su carácter “ella es tan dulce”, “que persona tan amargada”, aseveraciones como: “el sabor agridulce de la venganza” o “disfrutar de las mieles del éxito”


Percepciones: Cuando evaluamos un sabor podemos tomar en cuenta, la presentación, aroma y sobre todo nuestra subjetividad, de esta forma lo llenamos con nuestras consideraciones culturales, valores, creencias para darle o no nuestro favoritismo.

Leía a un cheff que decía que el sabor no es estático, es dinámico es adaptable a nuestras circunstancias, la percepción que tenemos de cierto sabor se va modificando o cambiando de acuerdo a la costumbre o la disminución del placer.


Sinestesia: Existe una relación entre los sentidos y la psicología de los sabores, en donde los sabores, olores, colores, texturas juegan un papel predominante, y hace que pueda ocurrir a nivel psicológico una explosión de sensaciones que se potencian si colocamos música de nuestra preferencia.

Por cierto, que en este sentido se han realizado estudios en donde se vincula la música a sabores como el del vino. Logrando cambiar la percepción que de este se tiene en un 60% según el tipo de música que se coloque. “Así el rock de verdaderos clásicos como Jimi Hendrix o los Rolling Stones, es el perfecto acompañante para una copa de Cabernet Sauvignon, mientras que la opera da especial brillo a un Syrah 2006”, según un estudio realizado por los psicólogos de la Universidad de Heriot Watt de Edimburgo.


El alimento tiene un efecto en el estado psicológico, por lo que el sabor influye en las emociones.

Desde la cocina, muchos cheff han asociado cómo algunos platos pueden trasmitir emociones y sensaciones y hasta ciertos estados de ánimo.

Por ejemplo, asumen que olores como el de la menta transmite euforia, el de limón transmite alegría, el aroma del humo de la brasa, transmite calidez. Consideraciones estas generales que pueden parecerles familiares y ciertas a unos y a otros no.


La relación de sabores, olores, texturas pueden estar asociadas a lugares, experiencias, y de acuerdo a cómo los vivamos, ellos quedarían anclados a momentos agradables o no e influirían en nuestros estados de ánimo.

¿Puedes describir el sabor del chocolate y relacionarlo con algún momento en especial?, o ¿tal vez el de las uvas?






“Los árboles muestran la forma

corporal del viento;

las olas dan energía vital

a la luna”


Poema del Zenrin Kushu.


El cuerpo y la mente forman una unidad coherente e indivisible, se encuentran en continua interacción, ya que a fin de cuentas la materia es energía, pensar y caminar es emitir energía que recabamos del cuerpo o percibimos consciente o inconscientemente del medio que nos rodea.

Las interacciones que establecemos con el medio, con las personas que nos rodean, requieren de un intercambio de energía.


Schutz (1978) expresa que la energía es una fuerza vital fundamental, que se expresa con la descarga ante una necesidad y se produce un ciclo energético por fases:

Motivación- Preparación- Realización- Comprobación.


Si se complementa este ciclo se produce la consumación, manifestándose la satisfacción de la necesidad y una sensación de bienestar. Entonces la descarga de energía ha sido productiva.


Cuando hay mucha energía contenida y la persona no la utiliza apropiadamente, se producen descargas improductivas.


Si no se produce ningún tipo de descarga de energía ante una necesidad, la energía queda concentrada en ademanes de insastifacción.


Cuando la energía está bloqueada, se pueden observar rigidez corporal, contracción muscular, disminución de la respiración, no hay expresión de sentimientos, hay distanciamiento emocional, la persona pudiera no estar presente en su ahora.


Muy frecuentemente la energía se encuentra bloqueada en un músculo, puede ocurrir que la persona no tenga conciencia de ello porque no enlaza o asocia la rigidez corporal con sus sentimientos; por ejemplo: muslos (necesidad de seguridad, fortaleza, recursos, poder) está asociada a los sentimientos de debilidad, perder apoyo, a la soledad. La rigidez de la mandíbula (necesidad de desestructurar, tragar, gustar) está asociada con el miedo a expresarse.


Zinker (1992) sugiere que es importante reconocer, localizar, movilizar, y modificar esta energía para destrabar bloqueos y permitirse drenarla. La toma de conciencia que permita localizar donde están los bloqueos, detenerse en la forma cómo se respira, observar la expresión del rostro (relajada, rígida), los movimientos.


Métodos de ayuda para el drenaje de la energía, de los sentimientos, recuerdos, que se encuentran en alguna parte del cuerpo pueden facilitarse a través de movimientos corporales (actividad física), por la respiración, o la expresión verbal, tales como gritos, en ello también juega un papel muy importante la bioenegética. Que es la terapia creada por el Dr. Alexander Lowen, y utiliza el lenguaje del cuerpo para curar los problemas de la mente. En donde la acción es importante para la expresión de la energía acumulada, o de los conflictos emocionales no resueltos.


La gestalt, da importancia a este contacto con los sentimientos, pero sugiere que no se trata de la acción o del movimiento en sí mismo, sino que este debe cimentarse en la sensación y en el sentimiento. Hacer un contacto adecuado con las sensaciones y sentimientos, conlleva a que el ciclo energético que menciona Schutz se complete.


“La energía es bloqueada muy a menudo por temor a la excitación o a las emociones fuertes... Muchos individuos sienten que si se permiten enojarse, aniquilaran su entorno; si expresan sus impulsos sexuales, serán maníacos y perversos; si expresan amor, abrumaran y sofocaran a la otra persona; si se permiten alardear serán ridiculizados y rechazados.”


Esto temores asumidos como creencias no tienen basamento lógico, pero sin embargo, a la persona le parecen válidos y le funciona para mantener su integridad. Deben ser abordados en terapia desde una perspectiva que permita a la persona sentirse no evaluada ni criticada.







El bambú con su gran flexibilidad soporta toda tormenta y se mueve armónicamente hacia donde el viento lo dirija.

El bambú representa la unidad porque siempre crece en grupos, nunca está aislado y solitario. Es fuerte y al mismo tiempo flexible. También representa una prueba para impacientes.

Leí un relato de autor desconocido que permite hacer unas cuantas reflexiones.


“No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego.

También es obvio que quien cultiva la tierra no se detiene impaciente frente a la semilla sembrada, y grita con todas sus fuerzas: ¡Crece, por favor!

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú y que lo transforma en no apto para impacientes:
Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.

Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece
¡más de 30metros!

¿Tardó sólo seis semanas crecer?

No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.

Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta.

Es tarea difícil convencer al impaciente que sólo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado.

De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo.
Y esto puede ser extremadamente frustrante.

En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptar que en tanto no bajemos los brazos (ni abandonemos por no "ver" el resultado que esperamos), sí está sucediendo algo dentro de nosotros: estamos creciendo, madurando.

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice.

El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación.
Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros.
Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.

Perdemos la fe cuando los resultados no se dan en el plazo que esperábamos, abandonamos nuestros sueños, nos generamos patologías que provienen de la ansiedad, del estrés...
¿Para qué?

Te propongo tratar de recuperar la perseverancia, la espera, la aceptación.
Si no consigues lo que anhelas, no desesperes...
quizá solo estés echando raíces...”.

Anónimo.






Berma Zeigarnik (psicóloga, psiquiatra) descubrió que las personas recuerdan mejor las tareas que quedan incompletas que las completas. A ello se le llamó efecto Zeigarnik.


La escuela de la Gestalt, nos dice que cuando percibimos algo: objeto, situación incompleta, trabajamos para cerrar la forma o situación inconclusa.


Y es que este recordar mejor, puede explicarse porque nuestro cerebro mantiene esa situación o evento pendiente, provocando pensamientos recurrentes y por ello no olvida, persevera hasta tanto se resuelva, es decir hasta cerrar la gestalt.


Valiéndose de este efecto vendría como muy ventajoso dejar algo en suspenso “cliffhanger” muy asociado con el “continuará” que vemos en películas, series, libros, etcétera.


Como técnica de estudio interrumpir el aprendizaje en un punto donde no está clara la información puede ayudar a ir trabajando sobre ella, para volver más tarde a retomar lo no resuelto.


Sin embargo, desde otra perspectiva, es recomendable pasar la página, ir cerrando asuntos pendientes, o situaciones inconclusas. Superar traumas, alcanzar metas, concluir etapas para evitar que los pensamientos sigan atormentando. Cuando se cierran situaciones, la persona se relaja, la energía fluye a otro objetivo nuevo.





"Ellos no pueden quitarnos nuestro autorrespeto si nosotros no se lo damos"

Mohandas Karamchand Ghandhi


Psicólogos analistas, antropólogos, filósofos, han orientado su atención al mito del héroe, y es que existe como una especie de patrón o de modelo universal respecto a éste que se presenta en culturas muy distantes las unas de las otras. Ellas apuntan a relatos que narran el inicio, partida o nacimiento del héroe, generalmente de carácter humilde pero, de naturaleza sobrehumana y va alcanzando luego en su desarrollo altos niveles de poder, donde se pueden observar su fortaleza y lucha por el bien en contra de las fuerzas del mal y luego un declive que termina con su muerte en pos del sacrificio o por alguna traición.


Las hazañas de los grandes héroes mitológicos son conocidas en diferentes culturas incluyendo las más primitivas e incluso están incluidas en el simbolismo de los sueños.

Al héroe lo podemos identificar en los cuentos de hadas, en los mitos griegos, romanos leyendas, tradiciones, rituales y hasta en el I Ching.


El héroe puede representar un modelo de lo queremos ser, una especie de yo ideal, un espejo para mirarse. Nos lleva a imaginar, anhelar, transformarnos, creer en ser invencibles, poderosos, y hasta nos permiten hacer catarsis.


Jung (1992) y algunos de sus colaboradores hacen un paralelismo entre la función esencial del mito del héroe y la identificación con este, muy especialmente porque el ego necesita fortalecerse. “Estas figuras semejantes a dioses son, de hecho, representantes simbólicos de la totalidad de la psique, la mayor identidad y más abarcadora que proporciona la fuerza de que carece el ego personal. Su cometido específico indica que la función esencial del mito del héroe es desarrollar la conciencia del ego individual-que se de cuenta de su propia fuerza y debilidad- de forma que se pertrechará para las arduas tareas que enfrentará en la vida. Cuando ya el individuo haya superado la prueba inicial y pueda entrar en la fase madura de la vida, el mito del héroe perderá su importancia. La muerte simbólica del héroe se convierte, por así decir, en el alcanzamiento de la madurez” (Pág.110)


Pero, la imagen del héroe evoluciona, y así es como se habla de superhéroes, los vemos en las películas, cómics, en los videojuegos, que conservan muchas características de los héroes mitológicos, pero, que a diferencia de estos no suelen envejecer o morir.

Sin embargo, son los mismos de la infancia que han sido repotenciados.


Y qué decir de los héroes cotidianos, esos que siempre han luchado por fomentar nuestros valores desde convicciones firmes, y de pequeños nos han enseñado a querer por encima de todo la justicia, libertad, equidad, solidaridad , amor, unión; a ellos también los hemos admirado y con ellos también nos hemos identificado