Por encima de este cerebro reptil, y por debajo de la neocorteza ubicamos el Sistema o Cerebro Límbico. A este cerebro también se le conoce como Cerebro Emocional o como Cerebro Mamífero, porque los mamíferos poseen una estructura similar, y se corresponde muy bien con el comportamiento de los animales mamíferos, por ejemplo: el comportamiento maternal, proteger y cuidar a las crías hasta que ellas puedan valerse por sí mismas.

Todo lo que ocurre en el medio exterior es procesado en nuestro cerebro límbico, dándole el matiz emocional al experimentarlo. Son comportamientos mamíferos: el amor, el odio, el altruismo, el deseo, los celos, la angustia, el temor, la culpa, etcétera.

En el se encuentran: el tálamo, que regula los comportamientos afectivos, la región septal, vinculada a la sexualidad, los bulbos olfatorios, que nos conectan a través del olfato y las manifestaciones respiratorias con las emociones, la amígdala (no confundir con las de la garganta) que permite la expresión oral de las emociones, el hipotálamo, especie de laboratorio donde se generan los químicos como serotonina, endorfinas, y otra gran cantidad de ellos, es el centro del placer y del dolor, y el hipocampo, relacionado con la memoria a largo plazo y las emociones.

El cerebro límbico fisiológicamente está interconectado con todos nuestros órganos internos, regulando la condición de expansión o contracción de ellos. Los estados emocionales tales como la rabia, depresión, frustración, el estrés, provocan que algunos órganos sufran las consecuencias de la contracción, tensión e irritación. Esto fue tratado en un post anterior.

Nuestro cerebro límbico, permite el clima emocional para propiciar la motivación al logro, ya que trabaja con una serie de neuroquímicos que propician el impulso para dar órdenes al cerebro reptil de movilizarse para efectuar el deseo, o lo que queremos alcanzar. A la forma efectiva de alcanzar lo que nos mueve o motiva se le ha denominado Inteligencia Motivacional.

Las emociones tienen un lenguaje que puede ser leído al igual que leemos un libro. Experimentar una emoción, vivirla, sentirla, concentrarte en el cuerpo, en la emoción, permite descifrar qué es lo que se siente. También se pueden pasar de un estado de ánimo a otro, en un determinado momento podemos estar melancólicos y al recibir una buena noticia pasar a estar feliz. A estos cambios de ánimo, y el poder experimentarlos sin negarlos, se le ha llamado Inteligencia Anímica e Inteligencia Afectiva respectivamente.

Próximo post: Neocorteza.




Las conductas más primitivas, más instintivas, de supervivencia, el miedo, la agresión, provienen de la primera capa en formarse llamada Cerebro Reptil o Básico, recibe este nombre por su parecido con el comportamiento de los reptiles. La huída, el engaño, las respuestas tipo pelea, son respuestas reptiles.

Lo que hacemos, es decir nuestros comportamientos se originan de esta zona profunda de nuestro cerebro. Desde el inicio de nuestra existencia nuestras acciones aún las que han dirigido al hombre primitivo provienen de aquí. Por lo tanto, arrastramos con esa herencia de nuestros antepasados en nuestros cerebros, que en la vida cotidiana está relacionada también con:

Crearnos parámetros para darle continuidad y orden a nuestra vida. Mediante una serie de limitaciones guiamos nuestra energía al establecer hábitos, rutinas, rituales, los cuales nos permiten actuar en automático, y ello nos da confianza, seguridad.

Sin embargo, aún cuando nos sentimos cómodos dentro de esta energía de la rutina, es importante darnos cuenta de cuándo es necesario disolver algún tipo de rutinas, hábitos, que se tornan inapropiados, o por el contrario establecer otros. De ese “darse cuenta” o capacidad de observación de nuestras acciones automáticas y de nuestros comportamientos en general, deriva lo que se ha denominado la inteligencia de los parámetros.

El sentido de pertenencia: afiliarse a un club, pertenecer a una familia, a una comunidad, a un grupo, poseer tú casa, tú apartamento y delimitarlos internamente con paredes, y este a su vez del de los vecinos. Protegernos y crear seguridad: buscar un hogar, casarse, ubicarnos en los mismos lugares, las luchas por el territorio, son propios de este cerebro reptil.

Igualmente mediante este cerebro podemos desenvolvernos inteligentemente cuando nos permitimos la libertad para decidir: seleccionar amigos, dirigentes, aceptar o no retos. Hacer uso de esta libertad de decidir nos permite “ser” y estar más saludables. También es una característica muy de este cerebro reptil el imitar o por el contrario inhibirse, ejemplo: imitar o copiar modelos de conductas apropiadas e inhibirse o abstenerse de otras que perjudican.

Los patrones de comportamiento: Los vamos aprendiendo a lo largo de nuestra vida, incluso aquellos que nos inculcaron nuestros padres, abuelos tíos, maestros, en fin las personas más significativas, y es una forma de ir fijando valores, creencias. La capacidad de darse cuenta de cuáles son los valores y creencias que mantenemos actualmente y si ellos nos potencian, fortalecen o no como persona es una característica de la inteligencia que deriva de este cerebro, denominada inteligencia de patrones, si en esta revisión personal notamos patrones de conducta que no son los que nos traen bienestar, entonces deberíamos asumir la responsabilidad de un trabajo personal para cambiarlos. Este trabajo personal requiere del convencimiento interno de que es necesario realizar el cambio.

En el próximo post el Cerebro Límbico.



A medida que el humano ha evolucionado se han ido superponiendo capas en lo que hoy conforma su cerebro. Cada una de las capas formadas nunca fueron desechadas por la naturaleza, sino que por el contrario las mantenía colocándose la más reciente sobre la anterior.

Investigaciones realizadas por Rober Sperry y Paul McLean, nos permiten una visión más completa de cómo está estructurado el cerebro y sus diferentes funciones. Con el descubrimiento por parte de Sperry del hemisferio derecho se evidencia que la inteligencia no solo proviene del hemisferio izquierdo. Por otra parte la gran contribución de McLean, nos invita a tomar en cuenta que son tres estructuras diferentes las que conforman nuestro cerebro: a) el Sistema o Cerebro Neocortical que nos permite estar conscientes de lo que imaginamos, fantaseamos, creamos, razonamos, b) el Sistema o Cerebro Límbico que se encuentra debajo del sistema neocortical y nos permite desear y sentir, y c) el primer sistema en formarse llamado por él como Cerebro Reptil, conocido también como Cerebro Básico, que está ubicado encima del tope del tallo cerebral y se relaciona con nuestras conductas o comportamientos. A este modelo de la estructura cerebral del ser humano McLean lo denominó: “Cerebro Triuno”, estos sistemas o cerebros se encuentran interconectados y también son capaces de operar de alguna forma independientemente, de cada uno de ellos derivan diferentes inteligencias con lo cual se ha podido concluir que hay un sistema de Inteligencias Múltiples.

El próximo post desarrollará información sobre este primer Cerebro Reptil.




"Había que realizar un importante trabajo y cada uno estaba seguro de que alguno lo haría.
Alguno se disgustó porque el trabajo era de cada uno.
Cualquiera
pudo haberlo hecho pero niguno lo hizo.
Cada uno
pensó que cualquiera podría hacerlo,
pero ninguno se dió cuenta de que cada uno no lo haría.

En conclusión: cada uno culpó a alguno cuando ninguno
hizo lo que cualquiera podría haber hecho."

Fuente: Revista Educación Anaya (1996)


Me encantan las canciones de Lorena McKennit. Caravanserai se llama esta.



Original image: 'Face'
www.flickr.com/photos/66034504@N00/69475166
by: Fernando Carmona González


El rostro humano tiende a ser asimétrico, puede variar en sus detalles del lado izquierdo que del derecho. Pero, cuando es proporcionado tiende a ser atractivo por su armonía y belleza.

Sin embargo, hay una cierta asimetría facial, que se corresponde con una asimetría perceptiva. Leía un articulo de José María Delgado (2002) en la revista Ciencia y Cultura, donde señala que: “Nuestro hemisferio derecho percibe mejor el contenido emocional de la expresión facial y del tono de voz observado, mientras que el hemisferio izquierdo se ocupa en mayor grado de descifrar el contenido abstracto y cuantificable del gesto del rostro y situación observados. De igual forma la hemicara izquierda suele ser más expresiva que la derecha…Puede ser por esto que Leonardo Da Vinci nos presente el lado izquierdo del rostro de la Gioconda, como lo hace también Velázquez en su autorretrato de las Meninas y Goya con sus famosas Majas”.

Si miramos con detenimiento la mitad del lado derecho de nuestro rostro podremos observar que se ve armónico, amable, estable, placentero, cordial Y nuestro lado izquierdo refleja tensión, dureza, pugnacidad.

Se han realizado algunas investigaciones sobre el rostro donde se sostiene que nuestro lado derecho es el lado social, público y el izquierdo el privado.

Para lograr darnos cuenta de estas divergencias, se sugiere tomar una foto de frente de nuestro rostro y duplicamos ambos lados derechos e izquierdos. Los cortamos por el centro y al unir ambos lados derechos y luego los izquierdos notaremos las diferencias.

En el programa radial “Nuestro Insólito Universo” que trasmite Unión Radio, se ofrece información sobre este interesante tema, y se cita a la revista Ciencia año 1978, en donde se señala lo siguiente: “Cuando una persona mira a la cara de otra, la persona no percibe bien el lado izquierdo de ese rostro” . Nuestro hemisferio derecho controla el lado izquierdo y el izquierdo al derecho. Y es que al parecer nos dejamos impresionar por la imagen social, pública que nos refleja el lado derecho, mientras que el otro lado del rostro es más íntimo, privado. Pero, es el más revelador, ya que es allí donde quedan grabadas nuestras emociones, que se reflejan más acentuadas en las comisuras de los labios, las hendiduras naso genianas, las arrugas.

Una forma de observar este lado izquierdo es tapándonos nuestro ojo derecho.

De esta manera hemos de darnos cuenta que a través de una forma de comunicación no verbal, el rostro puede orientar hacia el estado interno o mundo interior de la persona.



El espejo

“El hombre quiere ser confirmado en su ser por el hombre, y desea presencia del ser del otro…secreta y turbadamente espera un sí que le permita ser y que pueda llegar a él sólo de persona a persona”
Martín Buber


La frase me hace pensar en: Me imagino tal como me percibes porque me he visto en tú espejo. La que pudiera ser la expresión de alguien consciente del efecto del otro. O lo que es lo mismo: Mis impresiones sobre mi se van acrecentando en los contactos con el otro.

Y es que desde la niñez el yo se construye en la interacción con el adulto. Los padres y personas significativas constituyen un espejo psicológico.

El niño va construyendo su propia identidad mediante las interacciones, por las muchas impresiones y sensaciones adquiridas a través de los sentidos, y por el mundo.

También aprende su propio nombre y con este el símbolo, se permite pensar en sí mismo separado de los demás.

Ahora puede hablar de sí mismo: “Ana contenta” “Ana salta” y también se compara” “Yo más grande que José” y ubica en tiempo “Ana no se va ahora”

Identificación

“…Dime tú nombre el que te llamaban allí tú madre y tú padre y los demás, los que viven cerca de ti. Pues ninguno de los hombres carece completamente de nombre, ni el hombre de pueblo, ni el noble una vez que ha nacido. Antes bien, a todos se los ponen sus padres una vez que han dado a luz” (Homero, La Odisea, Canto VIII)

El niño esperado por sus padres antes de nacer desde sus deseos presagian cómo va a ser y en esto también tiene que ver la elección del nombre propio (ejemplo: Se llamará Julia, como su abuela, que era tan inteligente, tan buena persona)

El nombre nos permite identificarnos, reconocernos, diferenciarnos, tiene importancia para saberse uno. Guarda relación intima con nuestro ser, ejerce una influencia sobre nuestra personalidad.

El nombre nos liga a nuestros padres y los motivos que ellos tuvieron para escogerlo. Cuando nos apoderamos del nombre podemos llegar a asumir el guión asociado a el, o desempeñarnos según la fantasía, el conocimiento, o el significado que tengamos respecto a el.